Un recorrido por la Historia a través de las calles antiguas de San Roque

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La calle San Felipe, uno de los escenarios principales de la Historia en San Roque
arcgisa

Si no hubiera gente como Antonio Pérez Girón, el pasado de los pueblos se acabaría perdiendo en el olvido. Afortunadamente, en municipios como San Roque aún quedan cronistas vocacionales, de ésos que disfrutan buceando entre padrones y documentos ajados por el tiempo, pero también rescatando la tradición oral y los testimonios que siempre se contaron de padres a hijos, para que no se perdieran.

Autor de más de una veintena de libros de contenido histórico (a los que habría que sumar sus obras literarias, fundamentalmente de poesía y relato), el Cronista Oficial de la ciudad “donde reside la de Gibraltar” acaba de dar a conocer en este mes de febrero su, por el momento, última publicación: “Por las calles antiguas de San Roque”. Una “asignatura” pendiente para este escritor y periodista autodidacta, editada por el Ayuntamiento dentro de la Colección “Albalate”, y que ya está al alcance de los lectores en centros educativos, bibliotecas y librerías.

Según nos cuenta su autor, el libro es, en esencia, un recorrido histórico por las calles más antiguas y emblemáticas de San Roque, a través del origen de sus nombres y de los cambios que fueron experimentando con los avatares de la Historia, fundamentalmente durante los siglos XVIII y XIX, pero también durante la primera mitad del siglo XX. Después de más de dos años de intenso y minucioso trabajo de documentación, Pérez Girón nos lleva de la mano por un San Roque en blanco y negro prácticamente desconocido para la inmensa mayoría, especialmente para las nuevas generaciones, y nos traslada una conclusión: los nombres que permanecen son, casi siempre, aquellos con los que la gente del pueblo se identifica.

Antonio Pérez Girón, durante la presentación de su último libro

“Los nombres que permanecen son los que calan en el pueblo”

“Independientemente de la nomenclatura oficial, que suele cambiar con los cambios de régimen político, al final prevalecen los nombres que, por una u otra razón, han calado en el pueblo, y que habitualmente son los más antiguos”, explica el cronista, añadiendo que, por ejemplo, “a la calle San Felipe nadie la llamó nunca José Antonio Primo de Rivera, ni la Plaza De la Iglesia fue nunca para la gente la plaza de Calvo Sotelo, ni la Plaza de Armas fue llamada General Mola ni tampoco antes General Weiler, como se llegó a denominar en honor a un militar que había estado en la guerra de Cuba”.

El libro, escrito de forma “periodística” y amena, y complementado con fotografías antiguas, algunas de ellas inéditas, dedica destacados párrafos a las calles más “importantes”, aquellas que han sido escenario de algunos de los principales acontecimientos de la Historia, con mayúsculas, como la ya mencionada San Felipe, “por la que subió Riego, y por la que han desfilado todos los cortejos, incluidos los de los pronunciamientos militares”. En este sentido, Pérez Girón considera necesario que la gente sepa quiénes fueron el General Lacy, Terrero Monesterio, José Cadalso… que conozcan las tramas de unas vías urbanas que son, en sí mismas, un “continente” de la historia de la ciudad.

Algunas de las fotografías de Esteban Gallego expuestas el día de la presentación del libro

Pero el libro dedica también páginas importantes a aquellas otras calles que, sin haber tenido ese protagonismo histórico, sí que guardan su pequeña historia particular, la relativa al devenir de las familias que en ellas habitaron. Como la Plaza de las Viudas, a la que la oficialidad heredera de la guerra civil se empeñó en rebautizar como Coronel Moscardó. O la calle Nueva, sobre la que Pérez Girón cuenta, incluso, una historia de su propia familia paterna, descendiente de genoveses que se habían establecido en Gibraltar. “Según le habían contado a mi padre, y él a mí, aquella casa se salvó cuando entraron las tropas francesas porque mis tatarabuelos sacaron la bandera genovesa que estaba guardada y la colgaron en la ventana… Y los soldados la respetaron y siguieron su camino, porque los genoveses eran aliados de Napoleón”.

Un apartado para las calles de La Línea de antes de 1870

El libro, del que se han editado, en principio, 300 ejemplares, dedica también un apartado a la historia de aquellas calles de La Línea que ya existían antes de 1870, cuando la vecina ciudad que actualmente celebra su 150º aniversario era todavía un “barrio” de San Roque. Algunas de esas calles conservan aún hoy los nombres populares que tenían en el siglo XIX, como San Pablo, San Pedro, Jardines… Otros nombres se perdieron, como el de la calle Imperial, llamada así cuando la Revolución Gloriosa de 1868.

En La Línea, donde a principios del siglo XX aún había “muchas más chozas que casas particulares” y abundaban las casetas de carabineros, también acabaron perdurando los nombres populares, a pesar de que también aquí la Segunda Republica “republicanizó” los calles y luego el franquismo las bautizó acorde con el régimen.

El libro cuenta, además, otras anécdotas curiosas, como la distribución que se hizo de las farolas cuando llegó el alumbrado público a San Roque, en 1913, convertido en “todo un acontecimiento”, cómo era la incidencia por zonas de las epidemias, y cómo la Plaza de Armas fue “la primera plaza de toros que tuvo San Roque, el arenal donde Manuel Ballón El Africano dio, en 1720, el primer pase de muleta de la historia del toreo… La misma plaza a la que, tiempo después, llegaban los verdugos a caballo para dar garrote vil a los condenados a muerte”.