“Nadie esperaba que pudiera estar vivo en 2019, pero no le tengo miedo a la muerte”

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Foto: Manolo González.

A sus 66 años, Lorenzo Pérez aún está disfrutando de esa prórroga que le concedió un corazón prestado en el año 2000. Este profesor, que tuvo que abandonar las aulas con solo 47 años, militante socialista y presidente de la asociación de trasplantados y donantes Trasdocar, aún recuerda aquel día de junio en que su corazón empezó a decirle adiós como consecuencia, según el mismo confirma, de “su mala vida”. Conversamos con este sanroqueño -que se inició en la política activa con apenas 14 años desde los movimientos de base cristianos- sobre la muerte, la enfermedad y la necesidad de que la política siga siendo eso, política.

Me encuentro con Lorenzo Pérez años después desde aquellas primeras veces, en un escenario y un tiempo distintos para ambos. Acompañado de la mascota que le protege del frío y de la lluvia, entra en el lugar donde hemos quedado para la entrevista lamentando el intenso olor a tabaco que destila el espacio. Pérez se ha convertido en un experto rastreador de ese “veneno” que casi le mata. “Fue la conclusión a la que llegaron los médicos que me atendieron en Sevilla. Yo estaba perfectamente, no tenía dolencia alguna, no tomaba nada, excepto una pastilla para la tensión…Pero me fumaba más de dos paquetes de cigarrillos al día, y lo hacía desde mi época de estudiante, es decir, llevaba 30 años fumando”, cuenta Pérez.

“Eso que dicen que se quiere con el corazón son pamplinas. Todos esos sentimientos residen en nuestro cerebro. El corazón es un músculo y punto”

El socialista rememora con nitidez aquel 6 de abril de 2000, cuando empezó a encontrarse mal. “Lo recuerdo muy claramente. No me dolía nada. Estaba dando clases en el Huerta Fava de La Línea y el centro está a solo unos 200 metros del antiguo hospital, donde además trabajaba mi mujer. Estoy convencido de que si me hubiese ido a que me vieran en ese momento ahora no estaría trasplantado”, añade. Cuenta Lorenzo Pérez que fue su mujer quien le detectó que lo que  le estaba ocurriendo desde hacía algunas horas era un infarto. El 061 fue el primero en intervenir, trasladándolo al Hospital de La Línea, donde los médicos le diagnosticaron un infarto extenso. A los tres días entró en parada cardíaca y fue enviado, en coma inducido, al hospital Puerta del Mar en Cádiz. “Allí me deshollinaron las venas”, cuenta en tono de broma, al referirse al cateterismo que le fue practicado. Para entonces su corazón se había dilatado tanto que no le cabía en la caja torácica. Según le comunicaron los médicos en Sevilla, donde fue trasladado nuevamente, su corazón había quedado totalmente “inservible”. “Con este corazón no puedes vivir más de 6 meses y la única opción que tienes es que te hagan un trasplante. Yo no lo dudé, dije que sí”, añade Lorenzo Pérez al relato.

Casi 20 años después, el que fuera también concejal socialista del Ayuntamiento de San Roque, afirma tener una vida que no califica de normal, pero sí de normalizada. “Las drogas que tomo, los inmunosupresores, son muy fuertes y provocan un continuo deterioro de la salud. Antes solo tenía la tensión alta y un poco de colesterol y hoy tengo varias dolencias. Cuando me trasplantaron pregunté qué pasaría tras la operación y me dijeron que es como lanzar una moneda al aire, y que si me cuidaba, podría vivir otros cinco años, pero más allá no podían asegurarme nada más”, cuenta el presidente de la asociación de trasplantados y donantes Trasdocar.

En los años 80 la vida media de un trasplantado de corazón era de cinco años, y el 80 por ciento de ellos fallecía en el primer o segundo año tras ser operado. El paso del tiempo y los avances que se han producido en la medicina han favorecido que el enfermo disfrute de una mayor calidad de vida. “Nadie esperaba que pudiera estar vivo en el año 2019. La media de durabilidad de un trasplantado está en los 20 o 25 años, pero siempre he sido muy positivo, no tengo miedo a la muerte, no me siento frágil, estoy bien, la única prohibición que tengo es no fumar ni ir a sitios donde haya humo de tabaco o mucha contaminación”, explica Pérez.

La relación de Lorenzo Pérez con su corazón no va mucho más allá del apego a un músculo que le mantiene vivo. “Eso que dicen que se quiere con el corazón son pamplinas. Todos esos sentimientos residen en nuestro cerebro. El corazón es un músculo y punto. Estoy agradecido a los donantes en general, y al mío en particular, pero aunque te pongan el órgano de otra persona, sigues siendo el mismo. Lo que sí cambia verdaderamente es tu manera de vivir. Una experiencia así, en la que has visto tan de cerca la muerte, hace que te preocupes más por tu familia, por tus seres queridos -es padre de dos hijos y abuelo de dos nietos- y elimines lo superfluo”, explica.

“La administración recorta cada vez más el dinero destinado a las subvenciones a pesar de que desarrollamos funciones que deberían hacer ellos. Atender a un enfermo de corazón no solo es indicar fármacos”

En esta carrera de la vida que aún continúa para Lorenzo Pérez, su compañera ha desempeñado un papel fundamental. “Nunca nos hemos contado lo que cada uno ha vivido con esta situación, pero a ella le tengo que agradecer que haya estado siempre conmigo porque es la que más ha sufrido”, añade el profesor.

Foto: Manolo González.

Agradecimiento que el socialista quiso extender a toda la sociedad creando -a finales de 2001 y después de una experiencia de ámbito regional- la asociación de trasplantados y donantes del Campo de Gibraltar, conocida popularmente como Trasdocar. El colectivo que preside Pérez desarrolla funciones como la atención al enfermo, la prevención o el fomento de la donación. Pese a haber mantenido su actividad desde entonces, el responsable del colectivo declara que el movimiento asociativo no pasa por un buen momento. La administración recorta cada vez más el dinero destinado a las subvenciones a pesar de que desarrollamos funciones que deberían hacer ellos.  Atender a un enfermo de corazón no solo es indicar fármacos. Un trasplantado necesita también apoyo psicológico para un nuevo reto que afronta: cambiar su estilo de vida”, concluye.

Otra de las facetas en las que Lorenzo Pérez ha desempeñado su trabajo es la política. Fue concejal durante 14 años, primero con Eduardo López Gil y luego con Andrés Merchán, ejerció como diputado provincial y hoy continúa estando en la dirección del partido socialista -del que fue máximo responsable- como miembro del comité local. “Fue un cura el que nos animó, siendo muy jóvenes. En vez de impartir la doctrina de la iglesia, el libro que teníamos de estudio era la Encíclica de León XIII, la “Rerum Novarum” (de las cosas nuevas o de los caminos políticos) y allí se veía claramente que lo social estaba por encima de todo. Cuando llego a Sevilla, en mi etapa de universitario, pasé de los movimientos cristianos de base a los movimientos antifascistas en general, luego a las juventudes socialistas y, ya de vuelta en San Roque, me buscaron para que me fuese al PSOE. En el año 1984 entré de concejal”, explica.

“Aquella etapa fue muy ilusionante, estábamos en los primeros años de la democracia. En San Roque había barriadas como Taraguilla o la Estación, donde la mayoría de calles no estaban asfaltadas ni había luz eléctrica. El Ayuntamiento ponía los materiales y la gente ponía las calles. Era muy motivador poder dar solución a los problemas que tenía la ciudadanía, fomentar la democracia. Hoy los ayuntamientos están llenos de concejales con dedicación exclusiva”, añade Lorenzo Pérez.

Foto: Manolo González.

En su opinión, la política corre el peligro de desprenderse de la ideología. “Los que entran ahora solo quieren dedicarse a la gestión y se olvidan de las ideas. Los partidos han puesto de moda el concejal con dedicación exclusiva. Hasta el año 99, en San Roque solo estuvimos cuatro personas dedicadas a la gestión municipal. Eso que se llama liberados, aunque más que liberados estábamos esclavizados porque tenías que echar más horas que un reloj. Pero hoy todos los concejales están en esa situación. Creo que debería existir una norma estatal que redujera esas posibilidades y normalizar los sueldos, no que cada uno se pueda poner lo que quiera y cuando quiera”, cuenta Lorenzo Pérez.

Menos dedicación exclusiva y más ideas. Este es el lema de Pérez. “Siempre hay cosas por las que luchar. Nada de lo que ofrece el capital o el empresario es gratuito. Cuando a Pedro Sánchez -presidente del Gobierno del PSOE- se le ha ocurrido fijar el salario mínimo en 900 euros ha habido protestas. ¿De quiénes? De los que están cobrando más de 3.000 o 4.000 euros al mes. Eso es determinante y por eso creo que la política va a ser necesaria siempre”, concluye.