“Le propuse a mi padre fabricar hielo pero no quiso, así que le pedí un millón de pesetas a mi madre”

Miguel Ángel Vázquez, director general de Procubitos Europe

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Acudimos a la fábrica de Procubitos en la estación de San Roque. Esperamos delante de una pequeña puerta a Miguel Ángel Vázquez, sanroqueño, director general de Procubitos Europe. Sale un momento para preguntarnos cuánto tiempo nos llevará la entrevista. “Unos treinta minutos”, le decimos. “Ahora estoy en una reunión, pero les diré que saldré una media hora”, nos contesta, y la puerta vuelve a cerrarse tras él.

Regresa momentos después, mochila al hombro, y nos conduce a través de una escalera de hierro hasta una pequeña oficina en el interior de la primera fábrica que dio origen a la que hoy es la mayor empresa europea en fabricación -100.000 toneladas al año- y venta de cubitos de hielo de todo el continente europeo. Quizás ese fuera el verdadero inicio, pero la historia del oso polar empezó a escribirse antes, en un pequeño garaje donde cuatro máquinas daban forma a este gigante del hielo. 

Por aquel entonces, año 1988, Miguel Ángel Vázquez aún no había cumplido los 25. Su familia era -y sigue siendo- la propietaria de dos gasolineras y asumió la gestión de las dos estaciones de servicio. “Vendíamos hielo y teníamos a un proveedor de Málaga, pero había pocos fabricantes y nos fallaba mucho. Le propuse al presidente del consejo, que era mi padre, montar una pequeña fábrica para atender la venta de las gasolineras. Mi padre en aquel entonces tenía varias cosas y no lo vio como una oportunidad de negocio. Me busqué unos socios, mi madre me prestó un millón de pesetas y así fue como un compañero de la gasolinera y un técnico de frío comenzamos”, cuenta el director general.

Un año después, Procubitos se constituyó como tal en la Estación de San Roque y Miguel Ángel volvió a ofrecer a su padre que construyera una nave para poder alquilarla. Su padre dijo sí y empezó la primera fase de la construcción de la fábrica sanroqueña, germen de Procubitos Europe.

La empresa fue creciendo y en el año 2004 las ventas fuera de Andalucía obligaron a los gestores de la empresa a pensar en cómo ser más eficaces en la logística. “Al ser un producto relativamente económico, la incidencia del transporte era muy alta, y tuvimos que deslocalizarnos y abrir una fábrica más cerca de los clientes. Nuestra opción fue Cebreros, en la provincia de Ávila, en la frontera con la comunidad de Madrid”, explica Vázquez. Dos años después, Cebreros echó a andar y desde allí empezó a atender a todo el territorio nacional. Hoy, estas instalaciones son las de mayor producción a nivel europeo y las más sofisticadas en cuanto a eficiencia y tecnología. 

La expansión de la empresa no había hecho más que empezar. Diez años después de la puesta en marcha de Cebreros, Procubitos se hizo con la fábrica y el capital de uno de sus principales competidores en Alemania, con sede en Francfort; y en 2018 se fusionaron con un grupo de inversión, GED Capital, que había comprado la segunda empresa española de hielo, Cubers Premium; incorporaron nuevas fábricas en Gijón y Valencia y en septiembre de este mismo año adquirieron el segundo fabricante italiano, Polo Nord, con sede en Verona, Italia.

“Lo que estamos consiguiendo con todas estas adquisiciones es tener más capacidad de producción y estar más cerca de los clientes. Estamos inmersos en un plan de internacionalización y no descartamos nuevas adquisiciones. Ya nos hemos colocado como los principales fabricantes a nivel europeo tanto en capacidad de producción como en facturación y ahora queremos ir dando pasos para llevar nuestro producto a otros países”, explica el director general. 

La fábrica de San Roque, aunque ahora es la más pequeña de todas, continúa operando para atender la demanda de Andalucía, la mitad sur de Extremadura y la comunidad de Murcia. Desde Cebreros se suministra al resto de España y se exporta a países como Portugal, Francia, Bélgica, Holanda, Alemania, Suiza e Italia. “Reconozco que mantener esta fábrica de hielo, aquí en la Estación, tiene mucho de sentimental, pero no hay que olvidar su potencial logístico. Está muy bien situada para abastecer la zona de Málaga y Cádiz, que ha crecido mucho más que la Costa del Sol. Tampoco estamos muy lejos de Sevilla. A todo ello hay que sumar el valor de que podamos encontrar el nombre de la Estación de San Roque en bolsas de hielo de Carrefour en otros países de Europa, como Francia. Muchos amigos me mandan mensajes para decírmelo, para contarme que han comprado una bolsa de hielo y han visto el nombre de la Estación ahí puesto”, añade Miguel Ángel Vázquez con cierto orgullo. 

Ese logo, ese oso polar que los amigos del director general reconocen dentro y fuera de España, fue una idea de su madre, cuando empezaron a fabricar hielo en un pequeño garaje. “Fabricábamos unos 800 kilos diarios con cuatro maquinitas tipo discoteca”, aclara el sanroqueño.

Procubitos Europe mantiene hoy a un total de 200 empleados en todo el grupo. Antes de marcharnos, le preguntamos a Miguel Ángel Vázquez si continúa viviendo en San Roque. “Espero hacerlo durante mucho tiempo porque va a ser muy difícil que me saquen de aquí”, concluye.

El método Procubitos

El método de fabricación de un cubito de hielo es sencillo. Sin embargo, la tecnología y los procesos de elaboración tienen un papel fundamental para lograr el producto deseado por la hostelería, el principal canal de venta de la empresa junto a supermercados y gasolineras. 

Una vez depurada el agua, le añaden cloro como doble herramienta alimentaria. El hielo sale de las máquinas a -3 grados y antes de ser embolsado vuelve a entrar en túneles de congelación donde reciben un golpe de frío de entre -12 y -14 grados. Eso permite que el hielo vaya suelto, el principal atributo que reclaman los profesionales de la hostelería para evitar tener que golpearlo y conseguir así el volumen óptimo que garantice su durabilidad.