Adrián Gavira: “Salí adelante con dos palos y una red que había en el Chambao. Todo es posible”

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Foto: Manolo Glez

Llegó al vóley playa casi de casualidad. Con 16 años dejó la playa de Torreguadiaro para entrenar profesionalmente en Tenerife, y de ahí al mundo. Adrián Gavira es uno de los mejores deportistas de élite que ha nacido del deporte base sanroqueño. En el palmarés deportivo de Adrián Gavira Collado cuelgan seis medallas del circuito europeo de vóley playa y veintiuna del circuito mundial.

El primer sanroqueño en disputar dos Juegos Olímpicos nos recibe en el restaurante de sus padres; gente currante que ha dedicado un espacio de la venta Juan Carlos como museo sobre los logros profesionales de sus hijos, los dos deportistas. Allí conocemos a Adrián Gavira, un humilde deportista de primer nivel que a sus 31 años promete seguir peleando, en la arena. Sólo hay una competición en la que el tesón deportivo de este taraguillero no es suficiente, porque si Gavira es buen deportista, todavía es mejor persona.

¿Cómo recuerdas tu infancia en Taraguilla?

Me he criado aquí, en el restaurante de mis padres, ellos siempre trabajando y mi hermana y yo jugando a cada momento en el campo de fútbol del San Bernardo, que está justo aquí detrás. Siempre me ha gustado mucho el deporte y mis padres han hecho lo posible para que lo practicase. Recuerdo que mi madre estaba todo el día metida en la cocina y salía para llevarnos a mi hermana y a mí al taekwondo, al baloncesto o al tenis. Hemos hecho de todo. Estuve en el club de fútbol del Taraguilla y también jugué a la petanca en el club de aquí, donde tengo muchas amistades.

¿Cómo conociste el vóley?

El voleibol lo conocí a través de Lucas Extremera, quien ha hecho mucho por el deporte en la comarca, especialmente en San Roque. Lucas era mi entrenador de fútbol, pero también llevaba voleibol y me dijo que probara a ver si me gustaba. En ese momento me gustó y poco a poco cada vez más, jugando por ejemplo en verano con los amigos en la playa. Empecé echando mis ratos en la playa de Torreguadiaro, al lado del chiringuito Chambao. Luego uno de los compañeros que tuve en el club de voleibol de Marbella me animó para que jugara el circuito andaluz de vóley playa. Yo entonces era malísimo, muy malo, pero allí me vio el seleccionador nacional, me vio la altura, me vería potenciales y me dijo de ir a Tenerife. Me costó mucho decidirme, pero mis padres me animaron a no dejar pasar esa oportunidad. Y la verdad es que es lo mejor que he hecho en la vida. Me fui a Tenerife con 16 años, cuando empecé a entrenar profesionalmente.

¿Cómo se lleva con esa edad separarte de la familia?

Al principio es duro, sobre todo porque dejas atrás a la familia y los amigos. El deporte de alto rendimiento requiere mucho esfuerzo físico, pero el mayor sacrificio es perderte momentos con tu gente. Por mucho que quieres volver atrás, eso ya no se recupera. Al final te acabas acostumbrando y sobre todo compensa también lo que vas consiguiendo. Eso ayuda mucho.

¿Y cómo lo ha llevado la familia?

Ellos siempre me han apoyado. Siempre están muy pendientes. A lo mejor estamos jugando en China y mi madre se levanta a las cuatro de la mañana de aquí para mandarme un mensaje y ver el partido por Internet.

¿Cómo fueron aquellos primeros momentos en el centro de tecnificación deportiva de Arona, en Tenerife?

Al principio me sentía un poco fuera de lugar. Éramos tres compañeros y dos de ellos sabían jugar muy bien; ya habían participado en campeonatos nacionales y yo lo máximo que había hecho eran algunas pruebas del circuito andaluz. Pero me fui adaptando bastante rápido. El entrenador que tenía, Sixto Jiménez, con el que he estado como unos quince años, nos inculcó unos valores muy importantes, de sacrificio, de constancia, esfuerzo y superación, de darlo todo en la pista. Me fui sintiendo muy cómodo con él y con los compañeros, y poco a poco fui entrando en la dinámica de grupo.

¿Cuándo te das cuenta de que esto va en serio?

En el primer campeonato de España que jugamos y lo ganamos. Ahí fue cuando me di cuenta de lo que realmente estaba pasando. El año anterior no sabía jugar y al siguiente ya era campeón de España, algo que veía muy lejano. Ahí fue cuando empecé a aspirar a más y más.

Y el niño que jugaba al vóley en la playa de Torreguadiaro termina compitiendo en unos Juegos Olímpicos.

Eso es lo más grande. Verte allí junto a deportistas que van a pasar a la historia. A lo mejor estás comiendo y tienes al lado a Michael Phelps, y eso te impacta. Conocer a Usain Bolt y a jugadores de la NBA, verte con ellos y sentir que tú también formas parte de esa gran fiesta del deporte es algo increíble. Era un sueño que siempre había tenido y luché mucho por ello. Recuerdo de pequeño que veía los Juegos Olímpicos por tele y aquello era algo que me fascinaba, me llamaba mucho la atención.

¿Qué sabor de boca te llevas de tu paso por los juegos de Londres (2012) y Río (2016)? ¿Está Tokio en vuestros planes?

Para ganar unos Juegos Olímpicos se tienen que juntar varios factores: llegar en buena forma física, por supuesto jugar bien y tener algo de suerte. Esa pizca de suerte nos ha fallado a nosotros. Para los juegos de Londres éramos terceros del ranking y en el circuito mundial, en la prueba de Suiza, el chino se pasó de campo, se llevó a mi compañero por delante y le reventó la rodilla. Así que en Londres jugó con la rodilla mal. En los juegos de Río me pasó lo mismo. En una caída en el segundo partido parece que me hice una fisura en el pico rotuliano. Pero esto no son excusas, quedamos novenos en los dos juegos y estamos muy contentos, la verdad es que es un buen puesto. El que valore un poco el deporte sabe lo mucho que hay que trabajar para poder disputar unos olímpicos. Ya estamos trabajando para clasificarnos para Tokio.

Durante tu carrera has tenido varias parejas deportivas: Fran Marco, Inocencio Lario y Pablo Herrera, con quien compites desde 2008 ¿Cómo es esa relación?

Jugar en pareja es uno de los aspectos más complicados del vóley playa. Es importante llevarte bien con tu compañero y puede ser que te toque con alguien que no es muy afín a ti. Nosotros la verdad es que tenemos muy buena relación. Llevamos jugando juntos once temporadas. En el circuito actual somos la pareja que más tiempo lleva junta. Y no es que los años desgaten la relación, al contrario. Hasta dicen que nos parecemos físicamente. El otro día en Qatar me hicieron una entrevista y me preguntaron que cómo era jugar con mi hermano. Siempre estamos de guasa y nos llevamos muy bien.

¿Quién es la persona que más ha marcado tu carrera deportiva?

En cuanto a compañeros, sin duda Pablo. Ya no sólo como deportista sino como amigo. Pasamos mucho tiempo juntos, somos como hermanos y él me ayuda a ser mejor persona. Aunque mi referente en mi vida deportiva es mi entrenador Sixto Jiménez. Él fue quien me enseñó que si quieres conseguir algo tienes que trabajar mucho para conseguirlo. Tener una idea e ir a por ella. No hay otro secreto. Nada va a llegar caído del cielo.

Un momento de toda tu carrera deportiva, ¿cuál sería?

Recuerdo especialmente cuando fuimos campeones de Europa en 2013, después de la lesión que tuvo Pablo en los juegos de Londres. Ese año lo pasamos mal y sin embargo conseguimos ser campeones. Después de haber estado abajo, volvimos en pocos meses a estar arriba. Recuerdo que nos tiramos los dos en el suelo y nos abrazamos. Otro momento muy especial fue sin duda en la ceremonia de los Juegos Olímpicos de Londres. Recuerdo estar en el túnel y salir a un estadio con 50.000 personas gritando, fue alucinante. Entre el público encontré la mirada de mi entrenador y vi en él complicidad, como diciéndome: “Mira todo lo que has conseguido”.

El vóley playa no es un deporte con demasiado seguimiento y reconocimiento

Eso no me importa. Mientras mi compañero y yo sepamos lo que hemos luchado para lograr todo lo que hemos conseguido, y que mi familia y mis amigos también lo valoren, es más que suficiente. Con eso ya nos vale y si no fuese por la parte económica no envidio nada más. Cualquiera puede pensar que nosotros ganamos millones y no es así. No nos vamos a quejar tampoco, pero siendo segundos del ranking mundial, si fuésemos tenistas tendríamos la vida solucionada y mis padres no estarían aquí en el bar. Pero esto es vóley playa y se acepta. En virtud de lo que generamos es lo que cobramos. Lo asumo y lo entiendo.

Tu hermana, Patricia Gavira, juega en primera división de fútbol femenino

Ahora mismo está jugando en el Granadilla Egatesa, en Tenerife. Desde que me fui a Tenerife con 16 años nos veíamos un mes al año como mucho. Ahora hemos coincidido los dos allí y podemos pasar más tiempo juntos. Ella también ha practicado muchos deportes y todo se le daba bien. No sé si da la casualidad que de pequeños salíamos aquí a jugar al campo del San Bernardo, le gustó el fútbol y lo compaginó con los estudios. Ahora mira, ahí está jugando como una campeona. Hace tres años ganó la Copa de la Reina con el Huelva.

¿Cómo se plantea el futuro?

Ahora mismo nuestro objetivo es el campeonato del mundo, a finales de junio y principios de julio, y clasificarnos para los Juegos Olímpicos. Estamos peleándolo. Moviéndonos entre los nueves primeros puestos tenemos el pase garantizado. Somos un equipo regular, aunque todas las temporadas empiezan desde cero. Fuera de mi carrera deportiva estoy estudiando para montar una agencia de viajes, porque me encanta viajar siempre que no sea para competir, pero esto no se si se dará o no. Con mi pareja, que también es jugadora, segunda pareja nacional, cuando tenemos vacaciones nos escapamos y organizamos un buen viaje.

Entre viaje y viaje ¿se echa de menos San Roque?

Claro que sí. Cada vez que puedo me escapo para ver a la familia y a los amigos. Estando aquí también desconecto un poco del mundo del deporte, que viene bien de vez en cuando y recargo pilas. Siempre me llevo también el cariño de los vecinos, que me animan muchísimo. Me apoyan para que siga adelante y me dicen que se sienten orgullosos cuando me ven en la tele y se refieren a mí como sanroqueño, de Taraguilla. Es bueno que esta zona salga en los medios por sus cosas buenas, que son muchas.

Un mensaje para los vecinos de San Roque y Taraguilla

Espero que me puedan ver en los Juegos Olímpicos de Tokio. Intentaré dar lo máximo y que se sientan orgullosos de mi representación, de San Roque y en especial de Taraguilla, una pequeña barriada de la que han salido muchos deportistas, como mi hermana o mi primo Andrés Villena, que juega en la selección española de voleibol. Por muy pequeño que sea este lugar, si se cree y se lucha se puede conseguir todo. Yo salí adelante con dos palos y una red que había en el Chambao, así que todo es posible. En ese sentido los políticos también tienen que generar más oportunidades en el deporte y en todos los ámbitos.


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