María Parra: “Siento que los resultados pueden llegar en cualquier momento”

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María Parra Luque, guadiareña de tan solo 20 años, es jugadora de la Symetra Tour, la segunda división de golf en Estados Unidos. La aventura estadounidense de María comenzó en 2017, cuando logró entrar en la LPGA (Ladies Professional Golf Association), la máxima competición femenina en golf. 

“Es el tour con más prestigio, la primera división, pero mi primer año allí no jugué muy bien, perdí la tarjeta y ahora estoy en la segunda división, en la Symetra Tour, donde juegas por conseguir la tarjeta de la LPGA. Tienes que quedar entre las diez primeras a lo largo del año, compitiendo en unos 20 torneos, para acceder de nuevo a la LPGA, y si quedas entre las 30 primeras vas pasando fases hasta volver a la máxima competición”, explica.

La temporada de golf en Estados Unidos transcurre entre marzo y octubre. “Vivo aquí, en Guadiaro, pero en tiempo de competición solo regreso cuando tengo un descanso entre torneo y torneo. Viajo con un grupo en el que hay jugadoras españolas, argentinas, colombianas, mejicanas. Nos juntamos todas y vamos semana a semana viajando y compitiendo. Solo volvemos cuando estamos libres”, declara.

María se dedica por completo al golf. Aunque terminó el Bachillerato, aún no ha iniciado estudios universitarios. El tiempo de una jugadora como ella es muy limitado y es consciente de que si quiere cursar estudios tendrá que hacerlo a distancia. Quiere formarse en psicología, pero de momento ese proyecto lo tiene aparcado tras iniciarse como profesional en Estados Unidos. 

“La base del golf está allí y es allí donde te puedes permitir vivir de este deporte”

En 2019 volverá a intentar el salto a la LPGA, donde compite con jugadoras de todas las edades, y fuera de la temporada estadounidense acudirá a los torneos españoles. El último que jugó antes de la entrevista quedó séptima, un resultado con el que quedó muy satisfecha.  

Estoy en un buen momento, jugando muy bien. Siento que los resultados pueden llegar en cualquier momento. La semana pasada hice menos seis y tengo la sensación de que puedo llegar a algo muy bueno muy pronto”, dice. 

“Mi abuelo, jardinero del Real Club de Sotogrande, me traía al campo, pero a mí no me atraía el golf. Hasta que un día le di a una bola y decidí empezar”

La joven que habla empezó su idilio con el golf a los seis años gracias a su abuelo, jardinero del Real Club de Sotogrande. “Nos traía al campo muy a menudo, a mi y a mi hermano, para que nos distrajésemos. Mi hermano ya jugaba, pero yo pensaba que era un deporte muy tranquilo y no me atraía. Mi abuelo insistió, me puso delante de una bola, le di y decidí empezar. Luego mi hermano lo dejó y yo sigo aún”, cuenta la golfista.

Estar en la liga profesional implica mucho trabajo y esfuerzo. María entrena a diario mañana y tarde guiada por Juan Antonio Marín, del Real Club de Sotogrande. También tiene rutinas de gimnasio y sesiones con una psicóloga, Rocío Pomares, que le ayuda a mantenerse emocionalmente fuerte. “El golf es un deporte muy complicado, tienes mucha presión encima y tienes que separar la parte de la competición de tu estado anímico. Un día juegas bien, otro juegas muy mal y siempre hay que tener a alguien que te esté aconsejando, que te diga cómo tienes que estar. Esos consejos te ayudan mucho”, aclara María Parra. 

“El golf es un deporte muy complicado, tienes mucha presión encima y tienes que separar la parte de la competición de tu estado anímico”

En los meses de competición la vida de la deportista se reduce al golf. Cuando estoy de torneo no tengo mucha vida personal. Entrenas, vas al gimnasio, comes, vuelves a entrenar, cenas y te vas a dormir. Y cuando estoy aquí en casa, entreno por la mañana, voy a comer, luego vuelvo a entrenar, al gimnasio, y por la noche tienes tiempo para familia y amigos, pero tampoco mucho porque los fines de semana hay torneo y hay que madrugar”, añade la golfista. De momento, María Parra vive del golf, pero eso solo eso posible si juegas en las ligas americanas. 

“En la LPGA hay bastante dinero en juego, la jugadora que se lleva el torneo consigue en torno a 300.000 euros; y si pasas cortes, unos 1.500 euros por cada uno. En el europeo hay mucho menos dinero, puedes sobrevivir, pero si estás en las ligas bajas es más complicado. El golf de hombres tiene mayores premios, pero también es difícil vivir de este deporte en la segunda división europea”, cuenta la golfista.

María Parra tiene como referencia e inspiración a mujeres golfistas como Azahara Muñoz, malagueña, a la que recuerda con cierta admiración porque le ayudó mucho en su primer año en la LPGA. También habla de Carlota Ziganda, Álvaro Quirós, Belén Mozo, y a nivel internacional no olvida a Tiger Woods o Rory McllRoy.

Desde que es profesional, el Real Club de Sotogrande es el campo donde entrena y juega siempre que está en España. “Para mí es el mejor campo que hay en toda la zona”, añade Parra, que empezó en la escuela de La Cañada con Antonio Arjona y prosiguió en la Siga Golf Academy hasta que se hizo profesional.  

¿Tu fuerte, María? “Mi palo más fuerte es el drive, porque le doy muy recto, va largo. Mi juego corto es algo más flojillo”, confiesa con una media sonrisa. 

Fotos: Ignacio Martínez


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